Camino al mar

CAMINO AL MAR
Han pasado horas ni siquiera un alma se asoma,
solo un zorro mueve su larga y vistosa cola,
escapando raudo tras los matorrales,
mientras un pájaro errante se poza en un tronco ya muerto.
En la distancia pinos viejos sembrados por el viento,
que arrastraron sus semillas desde muy lejos,
el canto de gaviotas altas me anuncian el fin del camino.
Por la senda que conduce a la nada,
a esa playa escondida y perdida,
desciendo lentamente contra el sol de la mañana,
a mis pies el mar tan gris,
como el gris de esta niebla,
que cubre el cielo.
He bajado un cerro alto,
por caminos ya olvidados
caminos de maicillo y piedras,
sin trabajo de seres humanos,
de vez en cuando una ágata,
detiene mi fatigosa caminata,
mientras el viento peina pastos amarillentos.
Campos vírgenes,
que solo la brisa,
conoce en destierro,
caminos que no son caminos,
horas de sol dibujando sombras largas,
buscando senderos, buscando huellas,
quizás encuentre esa playa esa playa ya olvidada.
El sol se queda quieto,
no quiere bajar al mar,
solo las nubes me acompañan,
convertidas en niebla humedeciendo mi rostro,
mojando mi cara con lágrimas de sal.
El canto del océano es un grito de parto,
parto de una virgen primeriza,
mostrando sus hijos no vistos.
Bahías de arenas blancas,
en donde algas recuerdan al sol,
ese sol quemante de tardes antiguas,
algas humedecidas en sal.
Algas vestiendo piedras y arena blancas,
algas esperando que se disipe la niebla,
para que deje caer el sol esquivo del día.
Autor Alexis Coald

